#TheRoadTrip Capítulo 2- A yoga day (Sagres)

11/03/2019

Día 2 -  Sagres 

 

Antes si quiera de planear las paradas del viaje, ya había lanzado la pregunta en RRSS en búsqueda de lugares recomendados para practicar yoga en Portugal. Realmente este era el leitmotiv de mi viaje pues, la idea de que este fuese el hilo conductor que trazase mi ruta, me fascinaba. Ir en busca de clases, maestros y spots donde pasar las horas fluyendo entre asanas y respiraciones profundas (de esas que sanan).

 

Uno de estos destinos idóneos para practicar yoga resultó ser mi adorada Sagres. Aquí no sólo tienes spots para perderte y fluir al infinito en practicas en mitad de la nada, también posee maestros y clases maravillosas para beber de otras fuentes y empaparse de la sabiduría de grandes yogis.

 

Esa mañana, el plan era unirme junto a Kiss, a una clase de yoga a las 08:30h de la mañana en The Laundry Lounge, un bar- lavandería cuya vibra me embaucó, y en el cual pasé muchas horas metida tomando bowls de frutas y yogur, y tostadas de aguacate con tomate. Se me hace la boca agua tan sólo de recordarlo...

Como decía, el plan era estar a las 08:30 en la azotea de este encantador lugar. Aquella mañana el viento soplaba fuerte (habitual en el cabo de San Vicente) aunque no nos impidió disfrutar de una practica de estilo hatha. La maestra, de mirada serena y voz dulce, se llamaba Giulia y mantenía una expresión de alegría y paz que lograba traspasarme. Parecía regalarse sonrisas a sí misma. Sonrisa que además nos animaba a lucir durante la practica.

Finalizado el pranayama (respiración), la secuencia de asanas (posturas) y un savasana (relajación final en la "postura del cadaver") acompañado del sonido de un cuenco tibetano, bajamos al bar a disfrutar de un shot verde detox, invitación de la casa ;)

 

 

Pasé a cambiarme y darme una ducha por casa de mis anfitriones y volví al bar lavandería para disfrutar de un buen bowl de fruta y unas tostadas a modo de brunch (benditos brunchs). Y ahí sentada en un sofá descalza, me sentí tan a gusto que aproveché las horas para escribir, leer, conversar con algún que otro transeúnte que se sentaba cerca de mí, y pasar el tiempo entretenida con el ordenador.

 

Estando allí me di cuenta de que Sagres es una verdadera localidad de paso, que llama la atención de miles de extranjeros que por algún motivo terminan quedándose mucho más tiempo del que planeaban. Son historias de amor generalmente. Amor entre personas, amor por las olas, amor por su paisaje árido, amor por como parece detenerse el tiempo en sus acantilados. Pensé que posiblemente también me sucedería a mí a lo largo de mi viaje.

 

Tenía planeado asistir a una segunda clase de Yoga, esta vez en otro lugar y con otro maestro, por lo que llegado el momento, recogí mis cosas y me dirigí a mi segundo destino del día:  hotel Memo Baleira

 

Michael Bijker es uno de esos "lamas" que no puedes dejar pasar por alto si tu idea es encontrar un buen maestro de yoga en Sagres. Alguien que te inspire desde lo más profundo y con el que busques "conectar". Él es un auténtico vehículo espiritual. Un guía.

En sus clases, Michael enseña Raja Yoga al estilo Iyengar, Vinyasa, Yin y Shivananda Hatha yoga, integrando practicas y ejercicios de mindfullness.

Las clases a las que tuve el placer de acudir fueron muy variadas y predominaba especialmente el foco en la respiración. Sus clases se inician con un pranayama que ocupa casi media hora de la sesión. Esto para los que estamos acostumbrados a una clase "cañera" o muy activa físicamente puede echar para atrás, pero nada más lejos de la realidad: Practicar con Michael es como enraizarse de nuevo y recordar lo duros que son los cimientos que deben sostener nuestra practica. Me quedo con esta frase de Michael: "Si no sabes estar quieto, jamás lograrás moverte"

Un plus fueron sin duda las vistas de la sala de yoga al mar, al acantilado y al puerto. Una maravilla de lugar donde practicar.

 

Aquí os dejo el enlace donde podéis encontrar los horarios de  las clases que imparte en el estudio de yoga del hotel.

 

 

 

Un día tan intenso se merecía una buena cena. Kiss y Rui ya se habían encargado de reservar en uno de sus restaurantes favoritos (como buenos locales) y me llevaron a cenar al restaurante Three little birds, parada obligatoria en Sagres si quieres devorar unos nachos, unas buenas hamburguesas (también vegetarianas)  y maxi ensaladas.

 

Supongo que al final, son estos instantes los que nos hacen a los seres humanos tan maravillosos. Sentados al rededor de una mesa, arreglando el mundo, estrechando lazos, inventando ideas y proyectos para no dejar nunca de volver a este hermoso lugar.

Ahí estaba yo, a más de 500 kilómetros de mi casa, sintiéndome una más en la casa de otras personas. 

Estando tan a gusto en esta pequeña ciudad que siempre me inspira a volver, decidí que mi estancia en Sagres  durate este viaje, no terminaría al día siguiente.

 

 

Con amor, 

M.

 

NAMASTÉ

 

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