#TheRoadTrip Capitulo introductorio (Tarifa)

09/08/2018

Yaaaayyy!! Mi "Road Trip", es decir mi viaje en carretera ya ha empezado y no puedo estar más emocionada! He pasado los últimos días tratando de dejar zanjados algunos asuntos del trabajo y realmente no me ha dado tiempo a apenas organizar el viaje. Aunque supongo que, la gracia de este viaje consiste en eso: pensar poco, dejarme llevar, hacer lo que me apetezca y estar donde me pida el cuerpo. Definitivamente, es lo que necesito.

Sólo tengo tres cosas claras. Quiero volver a Portugal, quiero practicar mucho yoga y no quiero pisar ni un hotel. Esta última idea lleva consigo la de dormir en el coche (tras mi fallido intento de alquilar una furgo Camper) y en casa de amigos locales que pretendo visitar. 

Para encontrar la forma de dormir en el coche, me hice con un colchón hinchable del Carrefour y, tras comprobar que entra en el coche a la perfección (con los sillones del conductor y del copiloto totalmente echados para adelante) no me lo he pensado más. 

 

Viajar sola, la carretera, una buena playlist  de spotify, el tanque de gasolina lleno y un colchón en el maletero capaz de convertir cualquier lugar del mundo en mi nuevo hogar... No sé a vosotros pero, con perdón, a mí me suena que te cagas.

Llevo teniendo ganas de hacer esto mucho tiempo y creo que estoy en mi mejor momento para llevar a cabo esta prometedora experiencia. 

 

Los dos únicos destinos que tengo programados son los de la primera parte del viaje, y estos son Tarifa y Sagres. Tarifa lo incorporé a modo de preludio ya que es un lugar al que no puedo dejar de ir si me pilla de paso. En cualquier caso, tengo buenos amigos allí y es la excusa perfecta para pasar a saludarles y tomarme un mojito viendo atardecer en "El Tumbao"...

 

¿Me acompañáis? Vamos allá! Primer destino: TARIFA.

 

 

 

Día 0 - Tarifa

Pasado el sábado entre amigos y feistuqui, llega el momento de quedarme sola.

Me despierto la mañana del domingo, me despido de mis amigos y toca pensar en qué hacer y dónde ir (reconozco que a esto no le he cogido el gusto hasta pasados unos días de viaje). Me recomiendan ir a desayunar a un lugar  con rollazo llamado Wety termino quedándome allí prácticamente todo el día ya que el lugar tiene conexión WIFI (perfecto para organizar un poco el resto del viaje) y un jardín precioso que resulta idóneo para  practicar yoga.

Los domingos parece ser que cierran antes por lo que de repente me encuentro prácticamente sola en el jardín de este sitio tan bonito y donde aprovecho para leer, sacar la esterilla del coche, hacer una practica de yoga y organizar un poco el viaje. Mis íntimos amigos Qiqe y Eli me llamaron por vídeo llamada y, es curiosos como, aunque nos habíamos visto pocos días antes cenando en casa (a modo de cena de despedida), la idea de estar separados por tantos kilómetros pero a la vez preocupándonos los unos de los otros, me hizo sentir muy afortunada, querida y agradecida de tener los amigos que tengo. Creo que el sentimiento de amistad es algo que si se trabaja con el corazón, es uno de los más bonitos que existen. Es amor al fin y al cabo y, qué hay de más hermoso en este mundo que el amor?

 

Cuando empezó a hacerse tarde, tocó buscar un lugar donde aparcar el coche e instalar por primera vez "mi casita". 

Me instalé en un camping que por 20€ disponía de mi mi parcela y acceso a duchas con agua caliente. Cuando mi coche quedó perfectamente acoplado como bien veis en la foto (que llevo hasta mis lucecitas), me acerqué al bar del camping a tomarme una copa de vino blanco mientras leía de nuevo unos extractos de "Biografía del silencio" de Pablo d'Ors. Es un libro que siempre llevo a mano y que si no lo habéis leído os lo recomiendo seriamente. Trata básicamente de la experiencia del autor adentrándose en el mundo de la meditación y su evolución a través de ella. Es muy cortito y fácil de leer.

La brisa fresca del sur, el sabor del vino fresquito en los labios, la noche, las estrellas... No puedo pedir nada más (bueno sí, que la noche durmiendo en el coche se dé medio bien)

 

 

Cuando terminé mi copa me dirigí al coche a pasar la noche y, una vez dentro, me sentí como un lobo en su cueva. Prometo que tenía sensación de hogar, de refugio. Y era absurdo teniendo en cuenta que me encontraba en el vehículo que me lleva y me trae a diario a trabajar, a hacer mis recados, a desplazarme en general.

 Aunque tuve una pequeña batalla logística para decidir si dejar o no abiertas las ventanillas, a la vez que si encendía o no las luces, por el tema de que entraban bichitos. Una vez acomodada, no puedo explicaros la sensación de confort tan grande que experimenté. Me sentía en paz y sin miedos de ningún tipo. Poderosa también por la idea de poder ir allá donde quisiese de manera independiente  y sentirme segura. Por la ventana podía ver las estrellas, nadie me podía molestar, estábamos solo la noche y yo, y mi música sonando de fondo hasta que me quedé dormida...

 

Con amor, 

M.

 

NAMASTÉ

 

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